René Lacoste ganó en tres sets el primer partido, que le enfrentó a William Johnston, mientras que Henri Cochet perdía contra Bill Tilden. El día siguiente, Jean Borotra y Jacques Brugnon volvían a perder, esta vez en dobles, contra Bill Tilden y Francis Hunter. Sin embargo, el tercer día, consiguieron la victoria: René Lacoste superó a «Big Bill», mientras que Henri Cochet derrotó a William Johnston. ¡Los franceses estallaron de alegría! Haciendo gala de su legendaria elegancia, René Lacoste dio las gracias a sus tres compañeros de equipo: «Hay que felicitar a Cochet, Borotra y Brugnon, que consiguieron cansar a Tilden con los partidos de los primeros dos días: si gané, es gracias a ellos».
No obstante, hay que destacar el sentido táctico del ganador. Al igual que en su victoria en Saint-Cloud, en los Internacionales de Francia, en mayo-junio de 1927, René Lacoste consiguió superar a Bill Tilden a base de golpes suaves y un poco cortos, al centro de la pista, que llevaron a largos intercambios y evitaron que su contrincante le pudiera atacar desde los ángulos de la pista. El análisis que hizo del juego del norteamericano tiene gran parte de la culpa de su victoria.
Esta victoria supuso un punto de inflexión en la historia del tenis francés y erigió a René Lacoste en verdadera leyenda viviente. Entre 1924 y 1932, los franceses encadenaron un torneo tras otro, consiguiendo mantener el nivel durante todo este tiempo. Junto a ellos, periodistas y espectadores vivieron intensas emociones en todas estas competiciones. Durante seis años consecutivos, entre 1924 y 1929, los cuatro Mosqueteros ocuparon la pista central de Wimbledon para disputar la final del prestigioso torneo inglés. Son los años de la época dorada del tenis francés.
De los cuatro Mosqueteros, también pasarán a la historia la imagen de un equipo unido por los valores del deporte y una amistad forjada a través de entrenos y torneos. Cada uno tenía su propio estilo de juego y su personalidad, y luchaba ante todo por su propia victoria, pero todos compartían un innegable talento y una enorme fuerza de voluntad. René Lacoste definió los retos que les unieron en las pistas como «una lucha fratricida, aunque siempre leal y alegre». El fair play imperante hizo que los jugadores superasen los revese y que persistiese «la camaradería, por muy dura que fuera la batalla».